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Encontré un teléfono secreto en el clóset de mi padre – Cuando lo desbloqueé, mi vida cambió para siempre
“Nada”, respondió, sin levantar la vista.
“Has estado raro”.
“Sólo estoy cansado”.
No parecía cansado. Parecía esquivo.
Unos días después, mientras él estaba trabajando, entré en su habitación en busca de una chaqueta, diciéndome a mí misma que no estaba fisgoneando, que sólo cogía lo que necesitaba. Pero cuando abrí su armario y aparté una pila de cajas viejas, algo me llamó la atención.
Un teléfono.
No el que siempre llevaba encima. Estaba oculto, escondido detrás de todo lo demás, como si no quisiera que lo encontraran. Se me oprimió el pecho cuando lo cogí con los dedos temblorosos.
“Papá…”, susurré en voz baja, aunque estaba sola.
La pantalla se iluminó en mi mano.
El teléfono ya estaba encendido.
Y antes de que pudiera contenerme, intenté desbloquearlo.
Al principio, parecía vacío: sin aplicaciones, sin fotos, sin historial. Sólo un espacio en blanco, casi demasiado limpio para ser real. Pero entonces lo vi.
Un contacto.
Sin nombre. Sólo un número.
Pasé el pulgar por encima mientras se me oprimía el pecho. Aún podía irme. Podía volver a dejar el teléfono exactamente donde lo encontré y fingir que nada de esto había ocurrido. Pero la idea no duró.
Lo pulsé.
La conversación se abrió con un único mensaje.
Una foto.
Tragué saliva y pulsé sobre ella.
La imagen se cargó lentamente y, durante una fracción de segundo, no vi más que formas borrosas. Luego se hizo más nítida, y todo en mi interior pareció detenerse.
Era una chica.
Parecía de mi edad, de pie junto a una mujer que no reconocí. La luz del sol le iluminaba la cara, captando la curva de la mejilla, la línea de la mandíbula…
“No…”. La palabra se me escapó antes de que pudiera detenerla.
Era exactamente igual a mí. No parecida.
Igual.
Se me aflojó la mano y tuve que coger el teléfono antes de que resbalara. Mi respiración se volvió agitada mientras miraba fijamente la pantalla, intentando encontrar algo que le diera sentido.
“No hay manera”, susurré, sacudiendo la cabeza.
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