PARTE 2
La iglesia estaba adornada con miles de rosas blancas y lirios que costaban una fortuna. Las bancas de madera tallada albergaban a 250 invitados de la alta sociedad mexicana, empresarios influyentes y familiares vestidos con trajes de diseñador. En el altar, Mateo lucía 1 esmoquin hecho a la medida, irradiando arrogancia y triunfo. A su lado, Sofía brillaba envuelta en 1 vestido de seda importada, sonriendo bajo su velo. El sacerdote católico alzó las manos para iniciar la ceremonia, pidiendo silencio a los presentes. El eco de la música clásica aún flotaba en las bóvedas del templo.
Fue entonces cuando los pesados portones de la entrada principal se abrieron de golpe.
Valeria y Diego comenzaron a caminar lentamente por el pasillo central, sus pasos resonando sobre el mármol. Valeria llevaba 1 vestido azul marino, elegante pero sobrio, con la cabeza en alto. A su lado, Diego sostenía 1 maletín de cuero negro. El primer murmullo brotó de la fila 3, donde estaban las amigas de Sofía. Luego, como un reguero de pólvora, los susurros indignados y curiosos inundaron el lugar.
Sofía giró la cabeza y su sonrisa se congeló al instante. “”¿Qué hace ella aquí?””, siseó por lo bajo. Pero no fue la presencia de Valeria lo que paralizó la boda. Fue la reacción de Mateo.
Al clavar la mirada en el hombre que acompañaba a su exnovia, el rostro de Mateo perdió todo rastro de color. Su mandíbula tembló y el aire pareció escapar de sus pulmones. Sus manos, que segundos antes sostenían las de Sofía con firmeza, cayeron a sus costados como si pesaran 100 kilos. Estaba viendo a un fantasma. Al hombre cuya vida había destruido hacía 7 años para robar su futuro.
El sacerdote, confundido por el alboroto, frunció el ceño a través de sus lentes. “”¿Ocurre algo, hermanos? Les pido respeto para este sagrado recinto””, murmuró en el micrófono.
Diego se detuvo a 3 metros del altar. Su voz, grave y cargada con el peso de casi 1 década de sufrimiento, cortó el aire tenso del lugar. “”Sí, padre. Ocurre que el hombre que está a punto de recibir la bendición de Dios es un fraude, un ladrón y un criminal””.
Un grito ahogado escapó de los labios de la madre de Sofía en la fila 1. Don Fernando, el poderoso padre de la novia, se puso de pie con el rostro enrojecido por la furia. “”¡Seguridad! ¡Saquen a estos locos de mi vista inmediatamente!””, rugió el patriarca.
Pero antes de que los 4 guardias contratados pudieran dar 1 paso, Carlos, el antiguo encargado de sistemas, se levantó desde la fila 8. Llevaba 1 pequeña bocina inalámbrica conectada a su celular. “”¡Esperen!””, gritó Carlos. “”Tienen que escuchar esto””. Con un movimiento rápido, presionó el botón de reproducción.
La voz de Mateo, clara e inconfundible, resonó por toda la parroquia.
“”Solo necesito que firmes el testimonio falso, Luis. Di que viste a Diego sacando los documentos a las 11 de la noche. Le voy a transferir 75000 pesos a la cuenta falsa que abrí a su nombre para que la policía lo encuentre. En cuanto Diego esté en la cárcel, yo me quedo con su puesto de director y podré sacar los 3000000 de pesos reales sin que nadie sospeche. Es el crimen perfecto””.
El silencio que siguió fue absoluto, sepulcral. Sofía dio 2 pasos hacia atrás, soltando el ramo de flores que se estrelló contra el mármol. Se llevó ambas manos a la boca, sus ojos desorbitados mirando al hombre con el que iba a casarse.
“”¡Es un montaje!””, chilló Mateo, con la voz aguda y rota por el pánico, retrocediendo hasta chocar contra el altar. “”¡Es inteligencia artificial! ¡Valeria está despechada porque la dejé y contrató a este infeliz para arruinar mi boda!””
“”¿Montaje?””, respondió Diego abriendo su maletín. Sacó 1 gruesa carpeta llena de documentos bancarios con sellos oficiales. “”Tengo las auditorías originales. Tengo la declaración jurada del gerente del banco en Santa Fe confirmando que mi firma fue falsificada por ti. Durante 7 largos años me llamaron ratero. Mi prometida me escupió en la cara. Me corrieron de mi departamento. Y mi padre… mi padre murió de 1 ataque al corazón a los 60 años porque no soportó la humillación de ver a su único hijo salir esposado en los periódicos””.
Las lágrimas de rabia brillaron en los ojos de Diego, pero su postura permaneció inquebrantable. Leticia, la actual contadora de la empresa de Mateo, se levantó de la fila 5. “”Yo trabajo para él””, dijo la mujer con voz temblorosa pero decidida. “”Hace 3 semanas revisé los balances históricos. Mateo tiene cuentas en paraísos fiscales. Robó exactamente 3150000 pesos de su antigua empresa. Yo misma le entregué las pruebas a Diego ayer por la mañana””.
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